Una tesis de Wageningen University & Research publicada el 28 de agosto de 2026 examina cómo afectan los campos electromagnéticos de los cables submarinos a los tiburones y las rayas. Su resultado central no es ni una exoneración general ni una prueba de daños importantes: los animales no evitaron de forma marcada los campos realistas en los experimentos, pero mostraron cambios sutiles de comportamiento según la especie, la etapa vital y el sexo.
Con la expansión de la energía eólica marina en el mar del Norte, también crece la red de cables eléctricos sobre el fondo. Estos cables generan campos eléctricos y magnéticos. Las personas no los perciben, pero tiburones y rayas utilizan naturalmente esos estímulos para buscar presas, orientarse, navegar y relacionarse con sus congéneres. Por ello, Annemiek Hermans pregunta si los campos adicionales pueden convertirse en un factor de estrés ecológico relevante.
Cuatro parques eólicos y dos especies modelo
El trabajo combina una evaluación del riesgo ecológico con observaciones de campo y experimentos controlados. Durante dos años se estudió el ADN ambiental en cuatro parques eólicos marinos ya operativos. El equipo también examinó la pintarroja y la raya de clavos en distintas etapas vitales, desde el embrión y los juveniles hasta los adultos.
En los parques eólicos se detectó ADN de cinco especies de peces cartilaginosos. Esto contradice la idea de que los parques eólicos y sus cables excluyen por completo a tiburones y rayas de grandes áreas o bloquean en general sus migraciones. Sin embargo, una detección de eDNA solo demuestra que una especie estuvo presente en la zona. No permite registrar pequeños cambios de comportamiento ni separar el efecto de un cable concreto de otras características del parque.
Los embriones de raya de clavos se movieron más
Los embriones de raya de clavos estuvieron expuestos de forma crónica durante su desarrollo a campos asociados con corriente alterna. El éxito de eclosión, la duración del desarrollo y el peso al eclosionar no mostraron diferencias claras respecto al grupo de control. Sin embargo, los embriones expuestos se movieron más. Esa actividad adicional podría consumir energía y quizá aumentar en la naturaleza el riesgo de ser detectados por depredadores, aunque el experimento no midió directamente esas consecuencias ecológicas.
Tras la eclosión también aparecieron pequeñas diferencias en las medidas corporales. En la fase posterior de crecimiento, los datos apuntaron a un crecimiento algo menor en las rayas y a un aumento temporal del tamaño en las pintarrojas. No obstante, los investigadores no encontraron reacciones claras de estrés ni cambios importantes en la natación atribuibles a la exposición anterior. Los efectos fueron pequeños y podrían quedar ocultos por la variación natural en el medio.
Los animales adultos no evitaron los campos
En pintarrojas adultas, unos gradientes espaciales de campo simularon el cruce de un cable submarino. Ni los campos de corriente alterna ni los de corriente continua provocaron una fuerte atracción, evitación, respuestas de sobresalto o cambios en el uso del espacio. Bajo corriente continua, los tiburones estuvieron menos activos en conjunto, pero se desplazaron más deprisa cuando nadaban.
Las rayas de clavos tampoco mostraron una atracción o evitación claras. Un análisis más detallado sí reveló diferencias entre sexos: con campos de corriente alterna, las hembras pasaron menos tiempo inactivas y cambiaron más a menudo de estado conductual, mientras que los machos estuvieron inactivos con mayor frecuencia tanto con corriente alterna como continua. Algunas respuestas siguieron así direcciones opuestas, por lo que los resultados de una especie o un sexo no pueden extrapolarse sin más a otros peces cartilaginosos.
Un experimento de elección con pintarrojas juveniles tampoco detectó evitación del campo ni cambios en la preferencia entre un sustrato desnudo y otro cubierto de mejillones. Los animales solo estuvieron ligeramente más inactivos donde coincidían los mejillones y el campo electromagnético. De nuevo no apareció un efecto barrera claro, sino una pequeña señal en el patrón de actividad.
Sin carta blanca para una exposición de décadas
Los cambios individuales parecen pequeños. Sin embargo, los cables submarinos suelen estar en funcionamiento durante más de 40 años, mientras que con parques eólicos adicionales aumenta el número y la extensión espacial de los campos. Hasta ahora se sabe poco sobre si los animales se acostumbran a los estímulos, si las exposiciones repetidas se acumulan, o si junto con la pesca, los cambios en el hábitat y el calentamiento tienen un mayor peso.
A esto se suman las limitaciones metodológicas: los experimentos controlados en tanques reproducen solo de manera parcial la corriente, la búsqueda de alimento, las migraciones y los numerosos estímulos simultáneos del Mar del Norte. Los experimentos se concentran en dos especies que viven cerca del fondo. Especialmente los tiburones migratorios, las grandes rayas bentónicas, los lugares de puesta y las zonas de cría pueden tener patrones de exposición diferentes.
Qué significa para la energía eólica marina
Hermans no encuentra en los resultados ninguna razón para retrasar fundamentalmente la expansión de la energía eólica marina. La disertación recomienda, en cambio, optimizar el diseño de cables y redes, evitar hábitats sensibles al planificar rutas a pequeña escala y continuar vigilando la exposición bajo condiciones operativas realistas. La investigación debería priorizar especies y etapas de vida que permanezcan largo tiempo en el fondo marino o que crucen con especial frecuencia los corredores de cables.
El resumen oficial de la WUR sobre la investigación doctoral interpreta los resultados con la misma cautela: los efectos drásticos a corto plazo parecen improbables para las especies estudiadas, pero todavía no pueden descartarse consecuencias sutiles a largo plazo. La cuestión decisiva no es solo si un animal huye inmediatamente, sino si pequeños cambios acumulados durante muchos encuentros afectan al crecimiento, el gasto energético o las migraciones.
La hipótesis del tiburón peregrino de la Isla de Man sigue abierta
Haitauchen informó recientemente del debate sobre los campos electromagnéticos y los avistamientos de tiburones peregrinos frente a la Isla de Man. La nueva tesis aporta un contexto importante, pero no resuelve esa hipótesis. Estudió principalmente especies asociadas al fondo del mar del Norte, no tiburones peregrinos ni las rutas de cables de la Isla de Man. La ausencia de un efecto barrera en pintarrojas y rayas de clavos no demuestra, por tanto, que los tiburones peregrinos migratorios no se vean afectados.
El progreso más importante radica en esta diferenciación. Los campos electromagnéticos de los cables submarinos son perceptibles para tiburones y rayas, pero la percepción no significa automáticamente evitación o daño agudo. Las respuestas medibles son sutiles y diversas. Precisamente por eso, las evaluaciones futuras deben considerar conjuntamente la etapa de vida, la especie, el sexo, el hábitat y la duración de la exposición.


