Mongabay publicó el 1 de junio de 2026 la página especial “Shark Meat Nation”. Reúne una amplia investigación sobre el mercado de carne de tiburón apenas visible de Brasil. El núcleo incómodo del reportaje es claro: Brasil es considerado el mayor consumidor e importador mundial de carne de tiburón, pero muchas personas no la compran ni la comen bajo la palabra “tiburón”.
En Brasil, en envases, menús y licitaciones aparece a menudo la palabra “cação”. El término puede referirse a tiburones o rayas, pero para muchos consumidores suena como un nombre neutro de pescado. Precisamente esa falta de claridad hace que el mercado sea tan problemático: oculta qué especie se vende realmente, si está amenazada y si la captura o la importación fueron legales y sostenibles.
La demanda pública estabiliza el mercado
El reportaje en portugués de ((o))eco y Mongabay describe hasta qué punto la carne de tiburón apareció en la contratación pública. Cita 1.012 licitaciones por unas 5.400 toneladas de carne de tiburón, por un valor mínimo de 112 millones de reales, distribuidas en 542 municipios y diez estados brasileños.
La carne descrita como “cação” fue comprada, entre otros destinos, para escuelas, guarderías, centros preescolares, prisiones, instalaciones policiales y hospitalarias, bases militares y albergues para personas sin hogar. La conservación de los tiburones se convierte así no solo en una cuestión de pesca o comercio, sino también en una cuestión de responsabilidad pública.
Ya habíamos tratado este aspecto en el artículo “Carne de tiburón en el menú: cómo las autoridades brasileñas sirven especies en peligro y ponen en riesgo a niños pequeños”. La nueva página especial sitúa ahora la investigación en un contexto más amplio y muestra que “cação” no es solo un problema local de etiquetado, sino parte de un comercio internacional con cadenas de suministro difíciles de rastrear.
Salud, transparencia y protección de especies van juntas
La carne de tiburón puede contener metales pesados como mercurio y arsénico. Eso es especialmente delicado cuando se trata de niños, pacientes u otros grupos que reciben alimentación pública. Al mismo tiempo, muchas especies de tiburones y rayas están sometidas a presión mundial por la pesca dirigida, la captura incidental, el finning, cadenas de suministro mal controladas y la demanda de carne barata.
Tras la publicación, ya hubo reacciones. El Hospital das Clínicas de São Paulo excluyó el “cação” de sus compras por el riesgo de metales pesados. Río de Janeiro también prohibió la carne de tiburón en la mayoría de las escuelas estatales. Estas decisiones muestran que un mejor etiquetado y normas de contratación pueden tener efectos inmediatos.
Por qué esto importa a buceadores y buceadoras
Quienes encuentran tiburones bajo el agua suelen ver solo el lado carismático de estos animales: curiosos, elegantes y a menudo sorprendentemente tranquilos. La investigación recuerda que la presión sobre los tiburones surge muchas veces donde apenas se ve: en vitrinas refrigeradas, comedores, estadísticas de importación y nombres genéricos que convierten especies amenazadas en pescado aparentemente común.
La protección de los tiburones, por tanto, no empieza únicamente con la prohibición del finning o la protección de lugares de buceo conocidos. También empieza con nombres claros, cadenas de suministro rastreables, contratación pública responsable y la pregunta sencilla de si los consumidores saben realmente qué están comiendo.

