Contrario a lo que sugiere su nombre, el tiburón azul (Prionace glauca) podría poseer una capacidad insospechada: puede cambiar de color. Un equipo de investigación de Hong Kong ha identificado nanoestructuras en su piel similares a las de los camaleones, lo que abre nuevas perspectivas sobre su adaptación al entorno marino.
Este descubrimiento revolucionario se basa en un análisis detallado de las escamas dentadas del tiburón y revela un mecanismo óptico altamente desarrollado. Los científicos sospechan que estas estructuras podrían reaccionar al entorno, proporcionando así una ventaja de camuflaje hasta ahora desconocida entre los tiburones.
Un mecanismo nanométrico
El color azul del tiburón se produce por cristales de guanina que reflejan la luz azul, combinados con melanosomas que absorben otras longitudes de onda. Estos elementos, encapsulados en diferentes células, actúan como un espejo selectivo y un filtro absorbente.
La distancia entre las capas de cristales determina el tono: cuando se comprimen, producen azul; cuando se expanden, se desplazan hacia el verde o el amarillo. Las simulaciones digitales han confirmado esta flexibilidad, aunque su activación natural aún debe observarse in situ.
“Este sistema se asemeja al de los camaleones, pero presenta una peculiaridad evolutiva única en los tiburones, que se separaron de los peces óseos hace millones de años.”
¿Una adaptación al medio ambiente?
Los investigadores sospechan que la presión del agua en las profundidades comprime los cristales, oscureciendo así la piel para mimetizarse mejor en las profundidades. Esta adaptación sería la primera demostrada en un tiburón, aunque otras especies muestran indicios similares.
Posibles aplicaciones ya inspiran la tecnología biomimética. La coloración estructural, menos dañina para el medio ambiente que los pigmentos químicos, es de especial interés para la industria naval y textil.
Finalmente, este estudio subraya la diversidad de estrategias animales para producir el azul, un color raro en la naturaleza. Los tiburones ofrecen así un nuevo modelo para entender la evolución de los mecanismos ópticos.
Este descubrimiento podría cambiar fundamentalmente nuestra comprensión de los tiburones y muestra una vez más cuántos secretos guardan aún los océanos. El hecho de que estos depredadores prehistóricos posean mecanismos de adaptación tan sofisticados pone de relieve la notable complejidad de los ecosistemas marinos.


