Entre 2021 y 2024, nueve barcos pesqueros japoneses descargaron en el puerto de Callao más de 17.000 kilogramos de aletas de tiburón en 713 sacos, a pesar de que Perú prohíbe desde 2017 la descarga de aletas separadas independientemente de la bandera y la zona de pesca. Según la evaluación de 83 actas de inspección y protocolos de transbordo, no se ordenaron incautaciones ni se informó a la Fiscalía del Medio Ambiente (FEMA).
Lo que exige la ley – y lo que no se hizo
Por ley, está prohibido el “finning”; los tiburones deben descargarse con las aletas adheridas. La normativa se aplica a barcos nacionales y extranjeros, incluso si la captura se realizó en alta mar. Normalmente, los inspectores deben supervisar la descarga, informar de las infracciones, incautar la mercancía y imponer multas. En los casos documentados, esto no ocurrió: no se iniciaron procedimientos ni se notificó a la fiscalía.
“Las aletas de tiburón tienen un mayor valor de mercado que la carne. Por eso Perú prohíbe la descarga de aletas separadas”, subrayan expertos en derecho.
Volumen, especies y origen
Al menos 9.000 kilogramos de las aletas procedían del tiburón azul (Prionace glauca, en la “lista de preocupación” a nivel global), otros 8.000 kilogramos no fueron identificados por especie en los registros. Los datos satelitales indican actividades de pesca en aguas internacionales del Pacífico. Para la legislación peruana, esto es irrelevante: solo se tolera la descarga con las aletas adheridas.
Actores privados con antecedentes
Los barcos japoneses fueron representados por la agencia marítima Gyoren del Perú SAC, contra la que ya se han impuesto multas de más de 120.000 dólares estadounidenses (entre otras cosas, por indicios de pesca ilegal). El comprador de todas las aletas fue Servicios Marítimos Santa Elena SAC, una empresa con infracciones relevantes, incluyendo una sanción (2020) por importaciones de marrajos dientusos (Isurus oxyrinchus) sin documentos de exportación CITES.
Lagunas en la ejecución e dimensión internacional
Las inspecciones del secretariado de la CITES llevaron en 2024 a restricciones comerciales para ciertas especies de tiburones y rayas de Ecuador; a Perú se le recomendó fortalecer los controles y la coordinación entre autoridades. Los expertos exigen para Perú medidas más estrictas: más personal para la policía ambiental y aduanas, incautaciones consecuentes, sanciones significativas hasta prohibiciones temporales de exportación para empresas morosas y la eliminación de productos de tiburón del “canal verde” de despacho de aduanas.
“Las leyes sirven de poco si no hay controles. Las incautaciones consecuentes y las notificaciones obligatorias a la fiscalía son decisivas”, advierten fiscales ambientales.
Por qué es importante
El comercio global de aletas crea grandes incentivos para prácticas ilegales. Las aletas separadas suelen significar que los cuerpos se desechan en el mar, a menudo estando los animales aún vivos. Por eso, las normas estrictas de aletas adheridas son un instrumento clave contra el finning. El caso de Callao muestra: sin un control efectivo, la protección queda solo en el papel.

