Para muchos buceadores, las Islas Canarias son consideradas una zona atlántica con una fauna sorprendentemente diversa de peces y rayas. Pero es precisamente esta diversidad la que hasta ahora sólo se ha protegido de forma parcial. Canarian Weekly informa sobre el llamamiento de los investigadores para ofrecer una protección jurídica mucho mayor a los tiburones y rayas en las Islas Canarias.
La esencia de la advertencia es simple: 78 especies de tiburones y rayas se encuentran en aguas de las Islas Canarias, pero sólo seis están actualmente incluidas en la lista de protección regional. Al mismo tiempo, alrededor del 45 por ciento de estas especies se consideran amenazadas. Desde la perspectiva de la organización de protección marina Latitud Azul, existe una gran brecha entre el riesgo biológico y la protección legal.
Por qué los datos importan más que la protección
Un problema central no es la falta de interés, sino la falta de base científica. Según la legislación española y canaria, las especies sólo pueden incluirse en las listas oficiales de protección si hay suficientes datos fiables. Esto es exactamente lo que les falta a muchos de los tiburones, rayas y quimeras del archipiélago.
Por eso Latitud Azul tiene el proyecto Conservation Strategies for Sharks and Rays in the Canary Islands lanzado, apoyado por el programa europeo BestLife2030. El objetivo es recopilar datos, evaluar riesgos, visibilizar las lagunas de conocimiento y luego desarrollar una estrategia de protección que reúna a autoridades, ciencia y usuarios de los océanos.
78 especies de un vistazo
El proyecto considera las 78 especies de elasmobranquios conocidas de las Islas Canarias: 53 especies de tiburones y 25 especies de rayas. Estos incluyen especies costeras, habitantes del Atlántico más profundo, grandes animales migratorios y rayas que dependen de hábitats arenosos y rocosos. Muchos de estos animales apenas pasan desapercibidos para el público, pero quedan atrapados en la pesca, el uso recreativo o los conflictos de hábitat.
Latitud Azul también nombra al 20 por ciento de las especies como sin datos suficientes. Esto es particularmente sensible para la protección: si no está claro qué tan común es una especie, qué hábitats utiliza o qué riesgos de captura existen, es difícil justificar una solicitud de protección. La propia falta de datos se convierte en un riesgo.
De la prueba a la lista de protección
Maite Asensio, científico marino y cofundador de Latitud Azul, describe el punto de partida del proyecto como muy concreto. La organización encontró ofertas publicitarias sobre la pesca de tiburones y rayas en las Islas Canarias. La auditoría reveló que muchas especies afectadas tenían una protección legal insuficiente o nula.
Esto resultó en un enfoque más amplio: primero, se compilan los datos existentes y se identifican las brechas, luego se crea un mapa de vulnerabilidad y una estrategia técnica. En la fase final, las propuestas de entradas adicionales en los catálogos de protección regionales y nacionales se coordinarán con organizaciones ambientales, ciencia, autoridades y partes interesadas marinas.
El tiburón ángel como ejemplo
El tiburón ángel es el ejemplo más conocido de cómo la investigación puede facilitar la conservación. Las Islas Canarias aplican a Squatina squatina como una de las últimas zonas fuertes de retirada. Precisamente porque esta especie ha sido intensamente estudiada, su necesidad de protección es política y técnicamente mucho más visible que la de muchas rayas o especies de tiburones menos conocidas.
Asensio también se refiere a especies de rayas como la raya toro. Si se hubiera realizado allí una cantidad similar de trabajo científico, creen que algunas de estas especies ya podrían protegerse de manera similar. Esto muestra cuán estrechamente están vinculados la investigación, la atención pública y las consecuencias legales.
La pesca sigue siendo la mayor presión
El informe cita la actividad humana como la mayor amenaza. Estos incluyen la pesca selectiva o ilegal, la captura incidental, el desarrollo costero, la pérdida de hábitat, la contaminación, las descargas de aguas residuales y el uso creciente del espacio marino. Las zonas especialmente utilizadas para el turismo están bajo presión.
El tráfico marítimo también se menciona como un riesgo. El debate público suele centrarse en las colisiones con ballenas y delfines, pero otros animales marinos también pueden verse afectados por el ruido, el tráfico, la fragmentación del hábitat y las perturbaciones directas. Además, los tiburones y las rayas a menudo compensan las pérdidas muy lentamente debido a una reproducción lenta.
El cambio climático llega a las guarderías
El cambio climático está empeorando aún más la situación. El aumento de la temperatura del agua ya se ha relacionado con cambios en la reproducción del tiburón ángel, en peligro crítico de extinción, en las aguas de las Islas Canarias. No se trata sólo de animales individuales, sino de los hábitats en los que los animales jóvenes emergen y crecen.
Este es un mensaje serio, especialmente para las zonas costeras relevantes para el buceo. Un hermoso fondo arenoso, el borde de un puerto o una sección costera urbana pueden ser un hábitat importante o una zona de reproducción para algunas especies. Por lo tanto, la protección debe ir más allá de los espectaculares escenarios marinos.
Las áreas protegidas por sí solas no son suficientes
Los investigadores subrayan que las listas de protección de especies son sólo una parte de la solución. Según el informe, actualmente sólo alrededor del uno por ciento del medio marino de las Islas Canarias goza de una protección estricta. Incluir especies individuales en listas es de poca ayuda si hábitats importantes continúan contaminados o las normas sobre el agua apenas son efectivas.
Por lo tanto, Latitud Azul también ha contribuido a dos Important Shark and Ray Areas reconocidos internacionalmente: El Pajar y Las Canteras, ambos en Gran Canaria. ISRAs no son áreas legalmente protegidas, pero marcan hábitats que son particularmente importantes para tiburones y rayas. Pueden ayudar a centrar la planificación de la protección y las decisiones de las agencias.
Por qué esto es importante para los buceadores
Para buceadores, practicantes de snorkel y observadores del mar, el debate es más que un lenguaje administrativo. Los avistamientos, las fotografías y los encuentros pueden proporcionar pistas, pero no sustituyen a la investigación coordinada. Al mismo tiempo, los sectores del buceo y el turismo tienen una responsabilidad especial porque hacen visibles a los animales y pueden exacerbar o desactivar los conflictos de uso.
Por lo tanto, Latitud Azul también apuesta por la educación. La organización ha visitado las ocho islas durante los últimos meses para desmantelar conceptos erróneos sobre los tiburones y hablar sobre el papel de los tiburones y las rayas en el ecosistema. Una película documental pretende hacer accesible al público el trabajo científico y las voces de los conservacionistas marinos.
El siguiente paso es político.
El trabajo científico puede proporcionar la base, pero el paso decisivo corresponde a las autoridades. Agregar más especies a las listas de conservación regionales y nacionales requiere voluntad política, procedimientos claros y cumplimiento. Años de burocracia pueden resultar demasiado lentos, especialmente para especies cuyas poblaciones ya son frágiles.
Para Haitauchen, la lección es clara: las Islas Canarias no sólo son un atractivo destino turístico, sino también una importante zona atlántica para tiburones y rayas. Cuando casi la mitad de las especies registradas están amenazadas y muchas tienen poca protección legal, la admiración bajo el agua no es suficiente. La protección comienza con los datos, pero sólo se hace efectiva con reglas, controles y un uso respetuoso.

